Un espacio de escritura subterranea. Entrevistas, poesía, y cuentos de la escena colombiana

¡Qué más da! - Víctor Raúl Jaramillo

En lugar de tocar el timbre, le hizo una llamada al celular. Se sentaron después de darse un abrazo. Sacó una caja de cartón con calcas de bandas de Hardcore y Punk. Le mostró los vinilos y le dio el precio de cada uno. Los revisó y le devolvió uno que ya había comprado la vez anterior. “¿Sabés que lo que dijiste en redes no fue bien recibido por los muchachos? Algunos piensan que rebaja tu autoridad, que te roba entre ellos el respeto que te tienen”. “Bueno, fue un comentario suelto sobre algo que pasó hace muchos años: era otro, diferente al que soy ahora. Agua pasada… seguir leyendo

Entrevista con: Jorge Mackenzie

yo en vez de estar pensando en cosas banales y desperdiciando mi tiempo me dediqué al cuestionamiento de mi existencia en este planeta. Digamos que de ahí surgieron los diferentes temas que toco en las letras de ese trabajo. Además, se dio una buena conexión con Francisco con la música que él componía en ese entonces. Ya para 1991 y cuando yo ya había salido del ejército se dio la situación de poder contar con Bull Metal para grabar las baterías de las canciones, pero el trabajo ya estaba hecho cuando el ingresó y las canciones terminadas, nunca tocamos con Bull Metal en vivo…  seguir leyendo

Pervërzox - Laura Hernández

“Por esto, crecer en Chinchiná es saber que, en el pueblo, había una escuela de sicariato y que no se podía salir después de las 11, porque a los niños malos, los acostaban las Águilas negras…Que esta realidad no sólo eran rumores, a cada rato se observaban en la cotidianidad, pequeñas pandillas uniformadas y armadas que llegaban a los paseos de río o que andaban en la noche merodeando en un jeep y vigilando las calles. Sin embargo, aquel paisaje, sólo se había convertido en una composición fotográfica de la crudeza que…” seguir leyendo

La estampida del mal - Víctor Raúl Jaramillo

“Lo apodaban “Proyectil”. Los más calientes del barrio lo llevaban en la mira. Era un sicario de armas tomar. Le tenían un trabajito de esos que no suenan mucho: un punkero de mierda y una cagada que no valía la pena. Pero el dinero siempre canta más duro.

Al entrar al concierto, las miradas se abrían paso ante su figura desgarbada y dejaban que siguiera hasta donde estaba el objetivo, esperando los sesos estampillados en la paredes descascaradas. El Tuso gritaba tan fuerte, que Proyectil se detuvo entusiasmado: nunca había presenciado tal éxtasis, temblaba y ni la creía…” seguir leyendo